MÉRIDA, Yucatán, sábado 17/10/26.- Simulación en el IEPAC: Las consejerías se ponen de acuerdo para entregar la Defensoría Pública a Katherine Magaña, trabajadora de la dependencia, con un cargo en la Secretaría Ejecutiva.
Para lograr esta imposición, siete aspirantes sufrieron el castigo de calificaciones arbitrarias o desproporcionadas, mientras que a Katherine Magaña, cercana a la cúpula del Instituto, la ‘blindaron’ con notas uniformes en un proceso sucio y amañado desde el principio.
De acuerdo con fuentes fidedignas de El Grillo, detrás del concurso público para elegir al titular de la Defensoría Pública de los Derechos Político-Electorales del Instituto Electoral y de Participación Ciudadana de Yucatán (IEPAC), la evidencia apunta a una cuidada simulación institucional.

Todo indica que las consejerías encargadas de evaluar se pusieron de acuerdo para asegurar que el cargo quedara en manos de una empleada del propio Instituto: Katherine Esther Magaña Villegas, adscrita al área de la Secretaría Ejecutiva del IEPAC, donde tiene una relación cordial tanto con el secretario ejecutivo, Enrique de Jesús Uc Ibarra, como con el consejero presidente Moisés Bates Aguilar.
LA SIMULACIÓN: En el papel, ocho aspirantes se sometieron al mismo escrutinio ante seis consejerías electorales, pero en los hechos, la evaluación fue un desfile de criterios dispares para el resto de los concursantes y un cerco de protección para la funcionaria de la casa.
Mientras que siete participantes recibieron al menos una nota de 58 puntos o menos, Magaña fue la única blindada al no bajar de 76 en ninguna de sus evaluaciones.
Así se evidencia en la Lista de Perfiles Idóneos integrada el 12 de octubre de 2026 por el Grupo de Trabajo Multidisciplinario, documento oficial obtenido mediante consulta al expediente del proceso.
NÚMEROS A LA MEDIDA DE UN ACUERDO PREVIO: Los datos exponen el manejo diferenciado de las calificaciones: Katherine Magaña obtuvo 76, 79, 83, 82, 84 y 85, promediando 81.50 puntos -el más alto del concurso-. Su rango de evaluación fue el más estrecho y estable de todo el proceso.
En contraste, el resto de los aspirantes vivió el vaivén de un arbitraje inconsistente. A Ismael Puc Moo lo castigaron con un 33 por una consejería, mientras otra le otorgaba un 75. A Rosa Elide Vázquez le asignaron un 41; a Janet Uc, un 52; y tanto a Carlos Yamá y a María Gilda Segovia les asestaron un 56 en alguna de las entrevistas.
LAS CONTRADICCIONES: Las contradicciones de los evaluadores evidencian la falta de un criterio técnico homogéneo: mientras una consejería le otorgó un 97 a Yamá, otra lo desplomó con un 56. El mismo fenómeno ocurrió con Segovia, quien pasó de un 98 con un evaluador a un 56 con otro. Sin embargo, toda esa volatilidad y disparidad desapareció milagrosamente al calificar a la aspirante de la Secretaría Ejecutiva, Katarina.
EL TRUCO DEL PROMEDIO Y LA FALTA DE TRANSPARENCIA: Pese a lo que insinúa la cifra final, Katherina Magaña ni siquiera fue la favorita de la mayoría de las consejerías. Solamente encabezó la calificación de una de las seis mesas; en las otras cinco, fue superada por otras candidaturas. No obstante, las calificaciones sistemáticas y sin sobresaltos que le otorgaron le permitieron arañar el promedio general, superando por menos de dos puntos a Yamá y a Citlali Chan (ambos con 79.67).
PLAN CON MAÑA: La opacidad del proceso queda al descubierto en la propia Convocatoria, la cual -según reconoce la lista oficial-, no fijó una fórmula clara ni transparente para ponderar la evaluación curricular, el examen y la entrevista. El cálculo de las ponderaciones se hizoen una hoja aparte elaborada a discreción, un documento que este medio solicitó por vías oficiales para transparentar el sesgo del proceso.
EL VEREDICTO ANUNCIADO: La supuesta competencia no parece haber sido más que un trámite para revestir de legalidad una designación pactada de antemano. ¿Cómo explicar que seis consejerías con criterios tan opuestos hayan coincidido sin un solo tropiezo únicamente al evaluar a la funcionaria cercana a la Presidencia y a la Secretaría Ejecutiva?
Lejos de una aplicación rigurosa de las reglas, los números sugerirían que el puesto ya tenía nombre y apellido antes de que se abriera la convocatoria, dejando al descubierto una simulación más en el seno del organismo electoral.


