MÉRIDA, Yucatán, miércoles 22/07/2026.- El dictador Daniel Ortega ya cerró los periódicos y canales de televisión de Nicaragua, obligando a todo el periodismo independiente a huir del país. Ya masacró a más de 300 manifestantes que protestaron contra él en 2018.
Ya encarceló a todos los candidatos presidenciales que iban a competir contra él en 2021. Ya clausuró más de 5,600 ONG, universidades y hasta asociaciones religiosas. Ya les quitó la nacionalidad y confiscó los bienes a sus críticos, dejándolos apátridas. Ya reformó la Constitución para nombrar a su esposa ‘copresidenta’ y estirar su mandato.
Y ahora, con 80 años y 19 en el poder, acaba de dar el paso final que ni Kim Jong-un de Corea del Norte se atrevió a dar: anunció que en Nicaragua no volverá a haber elecciones. Nunca.
Y aquí viene lo que nadie quiere escuchar: Ortega no llegó al poder siendo esto.
Llegó siendo un héroe. El guerrillero que derrocó a una dinastía de dictadores. El hombre por el que Nicaragua salió a celebrar a las calles en 1979.
Ninguna dictadura empieza cancelando elecciones. Empieza pequeño. Empieza con un presidente que dice que los medios mienten. Sigue con una ley ‘para proteger al país’ que casualmente sirve para cerrar ONG’s. Luego un tribunal amigo que le permite reelegirse ‘solo una vez más’. Luego su esposa en la boleta. Luego un preso político. Luego cien. Luego doscientos muertos en las calles.
Y cada paso viene con la misma frase: ‘no exageres, no es para tanto’.
Hasta que un día, un anciano de 80 años sale en televisión y dice que ya no habrá elecciones. Nunca. Y para ese momento ya no queda ningún periódico que lo cuestione, ningún juez que lo frene, ningún candidato que lo enfrente. Todos están presos, muertos o en el exilio.
Por eso, si vives en un país donde todavía puedes quejarte del gobierno… quéjate. Si todavía puedes marchar… marcha. Si todavía puedes votar… vota, aunque no te guste ninguno.
Porque la queja, la marcha y el voto no son un derecho eterno. Son un músculo. Y los dictadores no te lo arrancan de un tirón: esperan a que dejes de usarlo.
Nicaragua no perdió su democracia el domingo. La perdió el día que ‘no es para tanto’ se volvió respuesta normal.


