ATOYAC, Veracruz, miércoles 08/04/2026.- No fue una escena cualquiera: pelícanos desplomándose en pleno vuelo, cayendo sin vida sobre parcelas de La Esperanza. No es normal. No es casualidad. Y mucho menos es coincidencia.
Ciudadanos lo dicen claro: esto huele mal… y no solo por las aves muertas. Sospechan lo que muchos ya piensan, pero pocos quieren decir en voz alta: contaminación. De esa que viene del mar, de esa que se esconde detrás de discursos oficiales y promesas recicladas.
Porque mientras algunos insisten en vender “normalidad”, la fauna está dando señales de alarma… y bastante contundentes. Pelícanos no caen muertos porque sí. Algo están comiendo. Algo están respirando. Algo está fallando.
Y aquí viene lo incómodo: ¿de dónde viene ese veneno?
Las playas llevan tiempo dando de qué hablar, entre manchas, olores y versiones que intentan minimizar lo evidente. Pero ahora el problema ya no se queda en la arena… está cayendo del cielo.
Hasta ahora no hay versión oficial. Silencio. Investigación “en proceso”. Lo de siempre.
Pero la pregunta sigue en el aire, igual que esos pelícanos antes de caer: ¿Cuánto más tiene que pasar para que dejen de mirar hacia otro lado?


