Por Jhony Alamilla Castro para El Grillo de Yucatán y Notimex
MÉRIDA, Yucatán, sábado 21/02/26.- Las redes sociales tienen sus modas. Ayer fueron los retos virales, hoy son los llamados THERIAN jóvenes que se identifican espiritualmente con animales y que han convertido esa identidad en tendencia digital.

Pero en Motul, Yucatán, el fenómeno adquirió una dimensión política inesperada: aquí no hay uno, hay un therian multiplicado por cuatro… y despachó en Palacio Municipal.

Sin tanto preámbulo: el ex alcalde de Motul se ha ganado, en la conversación pública, el título de “cuádruple therian”. Zorro por astuto en el discurso; rata por la sospecha persistente en el manejo de recursos; perro por su olfato para acomodarse al poder en turno; y gato por su habilidad ser servil a los de MORENA, incluso después del desgaste político.

El sarcasmo no es gratuito. Es una forma ciudadana de procesar la memoria reciente. Porque mientras los jóvenes juegan a resignificar identidades animales en redes sociales en la política local la fauna metafórica suele ser menos lúdica y más costosa para el erario.

Yucatán, tierra de historia y carácter, tenía en su imaginario al mítico Huaychivo, figura del folclor yucateco asociada a lo sobrenatural. Hoy, dicen las voces digitales con humor negro, el mito quedó corto: el nuevo personaje no necesita leyenda, bastó una administración pública para alimentar un nuevo personaje de miedo.

La crítica no apunta a lo fantástico, sino a lo verificable. Obras cuestionadas, decisiones polémicas y una percepción ciudadana que no termina de absolver. En política, la reputación no se construye con “lambisconerías políticas”; se sostiene con resultados. Y cuando éstos son débiles, la sátira se convierte en el juicio paralelo más implacable.

El fenómeno “therian” pasará como toda tendencia viral. Lo que permanece es la evaluación social de quienes gobernaron. Porque en Motul hay alguien que si se siente zorro, rata, perro y gato; se cuestiona si actuó con responsabilidad, transparencia y respeto al mandato ciudadano.

Y mientras el folclor se reinventa en redes, la memoria colectiva hace lo propio. En Yucatán los mitos sobreviven siglos. Los políticos, en cambio, dependen de algo más frágil: la confianza pública.
Cuando ésta se pierde, ni cuatro vidas alcanzan.