CIUDAD DE MÉXICO, domingo 03/08/2025.— Pablo Gómez, quien durante décadas se presentó como símbolo de la lucha democrática surgida del movimiento estudiantil de 1968, fue nombrado por la presidenta Claudia Sheinbaum, como titular de la comisión presidencial que coordinará la reforma electoral que pretende rediseñar el sistema democrático mexicano.
Su designación marca el fin de su gestión al frente de la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF), donde llegó en 2021 tras la salida de Santiago Nieto. Pero también representa —para muchos— el cierre simbólico de su trayectoria como figura de oposición histórica, para asumir el rol de arquitecto de una reforma que ha sido calificada por diversos sectores como una amenaza a la autonomía del Instituto Nacional Electoral (INE) y a la pluralidad política del país.
“Pablo Gómez, el mismo que marchó con los estudiantes del 68 y denunció el autoritarismo del PRI, será ahora el operador de una reforma que podría debilitar las instituciones que costaron décadas construir”, expresó un académico de la UNAM, al conocer la noticia. Críticos de la reforma lo acusan de convertirse en el “sepulturero” de la democracia moderna en México, al encabezar una comisión que podría facilitar la concentración del poder político en el Ejecutivo.
La comisión presidencial, según Sheinbaum, elaborará la iniciativa de reforma al sistema electoral, a la estructura del Congreso de la Unión y a los órganos autónomos. A pesar de que aún no se conocen los detalles, Morena y sus aliados han dejado entrever que buscarán reducir el tamaño del INE, eliminar plurinominales y modificar las funciones del Tribunal Electoral, bajo el argumento de “ahorro” y “eficiencia”.
Pablo Gómez, economista y militante de izquierda desde los años setenta, había sido una voz crítica del presidencialismo autoritario. Sin embargo, su respaldo absoluto al gobierno de Andrés Manuel López Obrador y su actual cercanía con Sheinbaum han diluido esa imagen histórica.
Organismos civiles y opositores han advertido que la reforma electoral, en manos de un personaje como Gómez, no será un proceso de fortalecimiento institucional, sino una reconfiguración hecha a la medida del oficialismo.
“Es una ironía trágica que alguien que defendió las libertades en las plazas ahora coordine un proyecto que puede debilitarlas en las urnas”, comentó un exconsejero del INE.