MÉRIDA.- En la “Provincia Eclesiástica de Yucatán”, conformada por los Estados de Tabasco, Campeche, Quintana Roo y Yucatán, se han organizado estas “Misiones de la Misericordia” a lo largo de todo este año jubilar. En esta ocasión se realizará la última de estas cuatro misiones, la cual se realizará en nuestro Estado.

El equipo de misioneros de la misericordia está compuesto por sacerdotes provenientes de los cuatro Estados, los cuales durante una semana estarán trabajando en diferentes zonas de Yucatán, en las periferias, hospitales, albergues, etc. En dichos lugares organizarán conferencias, retiros y también administrarán los sacramentos.

El coordinador de dicha misión provincial es el Pbro. Federico Noh Euán. Este lunes 19 de septiembre se tendrá la “Misa de Recepción de los misioneros” en la S. I. Catedral a las 18:30 hrs. presidida por el Vicario General de la Arquidiócesis. Después de la misa habrá oportunidad de entrevistar al Pbro. Federico, coordinador de la misión, y también se podrá abordar a algunos de estos misioneros.

El martes 20 se tendrá la misa de envío de dichos misioneros, presidida por el Arzobispo Gustavo Rodríguez y acompañado por los demás obispos de la Provincia, en la S. I. Catedral a las 19:00 hrs. Luego de esta celebración los misioneros serán enviados a sus respectivos destinos de trabajo.

Todos los colaboradores de prensa y periodistas son bienvenidos en ambos eventos, considerando que el espacio designado para entrevistas y fotografías con los misioneros y su coordinador será luego de la misa de este lunes 19.
Justificaciones por las que se realiza esta misión de la misericordia por todo el mundo, siguiendo las directrices del Papa Francisco:

18. Durante este Año Santo tengo la intención de enviar los Misioneros de la Misericordia. Serán un signo de la solicitud materna de la Iglesia por el Pueblo de Dios, para que entre en profundidad en la riqueza de este misterio tan fundamental para la fe. Serán sacerdotes a los cuales daré la autoridad de perdonar también los pecados que están reservados a la Sede Apostólica, para que se haga evidente la amplitud de su mandato. Serán, sobre todo, signo vivo de cómo el Padre acoge cuantos están en busca de su perdón. Serán misioneros de la misericordia porque serán los artífices ante todos de un encuentro cargado de humanidad, fuente de liberación, rico de responsabilidad, para superar los obstáculos y retomar la vida nueva del Bautismo. Se dejarán conducir en su misión por las palabras del Apóstol: « Dios sometió a todos a la desobediencia, para tener misericordia de todos » (Rm 11,32). Todos entonces, sin excluir a nadie, están llamados a percibir el llamamiento a la misericordia. Los misioneros vivan esta llamada conscientes de poder fijar la mirada sobre Jesús, « sumo sacerdote misericordioso y digno de fe » (Hb 2,17).

15. En este Año Santo, podremos realizar la experiencia de abrir el corazón a cuantos viven en las más contradictorias periferias existenciales, que con frecuencia el mundo moderno dramáticamente crea. ¡Cuántas situaciones de precariedad y sufrimiento existen en el mundo hoy! Cuántas heridas sellan la carne de muchos que no tienen voz porque su grito se ha debilitado y silenciado a causa de la indiferencia de los pueblos ricos. En este Jubileo la Iglesia será llamada a curar aún más estas heridas, a aliviarlas con el óleo de la consolación, a vendarlas con la misericordia y a curarlas con la solidaridad y la debida atención. No caigamos en la indiferencia que humilla, en la habitualidad que anestesia el ánimo e impide descubrir la novedad, en el cinismo que destruye. Abramos nuestros ojos para mirar las miserias del mundo, las heridas de tantos hermanos y hermanas privados de la dignidad, y sintámonos provocados a escuchar su grito de auxilio. Nuestras manos estrechen sus manos, y acerquémoslos a nosotros para que sientan el calor de nuestra presencia, de nuestra amistad y de la fraternidad. Que su grito se vuelva el nuestro y juntos podamos romper la barrera de la indiferencia que suele reinar campante para esconder la hipocresía y el egoísmo.

13. Queremos vivir este Año Jubilar a la luz de la palabra del Señor: Misericordiosos como el Padre. El evangelista refiere la enseñanza de Jesús: « Sed misericordiosos, como el Padre vuestro es misericordioso » (Lc 6,36). Es un programa de vida tan comprometedor como rico de alegría y de paz. El imperativo de Jesús se dirige a cuantos escuchan su voz (cfr Lc 6,27). Para ser capaces de misericordia, entonces, debemos en primer lugar colocarnos a la escucha de la Palabra de Dios. Esto significa recuperar el valor del silencio para meditar la Palabra que se nos dirige. De este modo es posible contemplar la misericordia de Dios y asumirla como propio estilo de vida.

(Textos tomados de la bula papal “MIsericordiae Vultus de los nn. 18, 15 y 13).