CIUDAD DEL VATICANO, martes 26/05/2026.- Hoy, exactamente un año después de que León XIV tomara posesión de la sede de San Juan de Letrán como obispo de Roma, y pocos días después de haberse cumplido un año de su elección, el Vaticano presentó su primera encíclica: Magnifica Humanitas.

Y esto no parece casualidad.

Desde el inicio de su pontificado, León XIV explicó que eligió ese nombre en referencia a León XIII, el Papa que enfrentó los desafíos de la Revolución Industrial y publicó Rerum Novarum, documento fundamental de la Doctrina Social de la Iglesia.

La referencia histórica es clara. Hace apenas unos días, Rerum Novarum cumplió 135 años. Aquella encíclica abordó cuestiones como la explotación laboral, la desigualdad económica, la concentración de poder y la transformación del trabajo humano durante la industrialización.

Ahora, en un contexto marcado por la inteligencia artificial, la digitalización y las nuevas formas de poder tecnológico, León XIV parece establecer deliberadamente un paralelismo histórico: así como la Iglesia tuvo que responder entonces a los desafíos de la revolución industrial, hoy está llamada a responder a los desafíos éticos, sociales y humanos de la revolución digital.

Más de un siglo después, León XIV plantea que la humanidad atraviesa una nueva revolución histórica marcada por la inteligencia artificial y la concentración global del poder tecnológico. En ese sentido, Magnifica Humanitas puede entenderse como una especie de nueva Rerum Novarum para la era digital.

En la introducción del documento, el Papa afirma que “la magnífica humanidad” se encuentra ante una elección decisiva: levantar una nueva torre de Babel o construir una civilización donde la técnica permanezca al servicio de la dignidad humana.

La encíclica no se presenta como un rechazo a la tecnología. Al contrario: reconoce que el desarrollo técnico ha contribuido enormemente a mejorar las condiciones de vida y que la inteligencia artificial puede convertirse en una herramienta valiosa para la medicina, la educación, la investigación y la organización social.

Pero también advierte algo inédito en la historia humana: “nunca la humanidad tuvo tanto poder sobre sí misma”.

Ese poder, afirma el Papa, ya no se concentra únicamente en los Estados, sino también en grandes actores privados y tecnológicos capaces de influir en la economía, la política, la información y la vida cotidiana de millones de personas. El documento insiste en que la inteligencia artificial no es neutral y que el control de los datos y de los algoritmos puede convertirse en una nueva forma de dominación.

La gran preocupación de la encíclica no es la inteligencia artificial en sí misma, sino el riesgo de una cultura donde la eficiencia y el rendimiento terminen sustituyendo a la dignidad humana como criterio principal de organización social.