CIUDAD DE MÉXICO, viernes 06/02/2026.- El siempre ruidoso Gerardo Fernández Noroña, que jamás pierde oportunidad para sermonear a la oposición, hoy guarda un silencio que pesa. Su amigo —sí, su “cuate”— el alcalde morenista de Tequila fue detenido y trasladado al Altiplano por delincuencia organizada y extorsión a empresas cerveceras y tequileras. Y, curiosamente, el diputado de la voz estridente no tiene nada que decir.
Cuando se trata de adversarios políticos, Noroña es el primero en levantar el dedo, acusar, pontificar y exigir castigos ejemplares. Pero cuando el escándalo toca a alguien cercano, cuando el señalado forma parte del círculo guinda, de pronto la memoria se nubla y la garganta se apaga.
¿Saldrá ahora a justificar a su amigo? ¿Dirá que es “persecución política”? ¿O preferirá mirar al techo y fingir que no se enteró?
La congruencia no debería tener colores, pero en la 4T la regla es clara: la ley se estira, se afloja y se acomoda según la cercanía… y el tono del partido. Y hoy, ante la caída de su “cuate”, el silencio de Noroña dice más que cualquier discurso.


