MÉRIDA, Yucatán, lunes 12/01/26.- Así como qué triste se oye la lluvia en los techos de cartón, así de huecas se escuchan las arengas por la democracia cuando quienes las dicen visten tenis y jeans de marcas, atuendos carísimos y perfumes que ni por asomo huelen a pobreza, a pueblo bueno.

Qué humillantes se escuchan los llamados a vigilar que en las seccionales no haya casas con aires acondicionados, con hornos de microondas y otros aparatos que recarguen el “soberano” sistema eléctrico.

Qué triste que quieran que el pueblo viva en casas de cartón mientras ellos llegan en carros y camionetas último modelo, y tras salir del popular barrio de San Sebastián se refugien en sus residencias de lujo o vayan a comer a restaurantes fifí.

Ayer en la jornada de Morena en la mal llamada defensa de la soberanía, pues, como publicamos fue más bien una defensa del narco que financía a la 4T y que a cambio recibe abrazos y no balazos, había más ropa de marca, más costosos perfumes y accesorios, más autos nuevos que en cualquier centro comercial del norte de Mérida.

No bajaron como el obrero que arrastra los pies de tanto sufrir, bajaron como alguien que desciende de su nube, que baja de su privilegio por unos minutos para apapachar a ese pueblo que no abre los ojos, que se conforma con una dádiva, aunque viva en casas de cartón.

Ojalá estos políticos, estos nuevos ricos que nos deja la 4T, fueran millonarios en lombrices, así tal vez nunca se les olvidaría de dónde salieron.

¡Qué fácil es gritar arengas por la soberanía! ¡Qué bello es decirse de izquierda! Todo de dientes para fuera y con el bolsillo hacia la derecha lleno de dinero, mucho obtenido de mala manera.