MÉRIDA, Yucatán, lunes 07/07/25.- En medio de la pandemia de Covid-19 fueron la pareja del momento, pero a cinco años de distancia hoy cada quien está por su lado: Raúl Paz arrumbado en el Canal del Congreso, y Claudia Lizandi prácticamente huyó de Mérida.


Huyó en medio de acusaciones de fraude, de amenazas y de que se le señala de mala paga y de trato prepotente con las personas a su servicio.
La pareja derramaba miel y los llegaron a considerar la pareja ideal: Él político y empresario, ella una famosa, bella y con una estrella en ascenso, pero lo que la gente no sabía, lo que no mostraban, era que en realidad eran como Bonnie y Clyde, la famosa pareja de ladrones del cine.
LE CIERRAN LA PUERTAS A CLAUDIA: Cuando se separó de Paz, ella se quedó a vivir en Mérida, pero poco a poco le fueron cerrando las puertas por sus actitudes: Del Country la vetaron porque sólo iba de cazafortunas a ver si pescaba algún empresario que le mantuviera su estilo de vida y glamur.
De las casas que rentaba la corrían porque es mala paga, además de que destruía las residencias y robaba objetos, según aseguran varias personas.

“HERMANA DEL MAL”: Luego de que anunció su huida de Mérida, comenzó a correr en redes sociales una denuncia de que Lizaldi no es la “hermana del alma” y guía espiritual que presume ser, sino que hay detrás una historia oscura de manipulación, fraudes, amenazas y abuso de confianza, porque estafó a una yucateca que apostó todos sus ahorros en una casa holística en el fraccionamiento Campestre.
Según la denunciante, todo comenzó con frases como “Te amo, hermana” y “Eres mi hermana del alma”. Con esa cercanía emocional —conocida como love bombing—, Claudia se ganó su confianza y le propuso abrir un centro holístico en una residencia del Campestre. La víctima invirtió todos sus ahorros en remodelaciones… pero nunca firmaron ni un papel.
“Hermana, eso es terrenal. Nosotras estamos en otro plano”, decía Claudia cuando le pedían formalizar el acuerdo. Luego de tener el lugar listo, la denunciante fue simplemente sacada del proyecto y se le negó el acceso.
AMENAZA E INTIMIDA: El caso terminó con amenazas e intimidaciones. Cuando la víctima intentó hablar de una posible demanda, recibió una inquietante respuesta: “No te conviene verme enojada”, le dijo Lizaldi.
Y después, un vehículo sin placas ni identificación se le cerró violentamente tras salir de una cita con su abogado. Cajuela abierta, vidrios polarizados… Un acto intimidante que la hizo guardar silencio. Hasta ahora que decidió exponer el caso en redes sociales tras enterarse de la huída de Claudia Lizaldi.


