MÉRIDA, Yucatán, lunes 24/03/25.– Lo “KISÍN” no lo roba, lo hereda el arrastrado Raúl Osorio, quien no se cansa de ser amargado, soberbio, vengativo y prepotente; no se cansa de ofender a la gente: lo mismo ofende a las mujeres que a los difuntos y a reporteros.

Este comportamiento del funcionario público dista mucho de lo que debe ser su correcto actuar, pero en el gobierno le toleran todas sus majaderías, groserías y ofensas a la gente: Esta actitud habla de que Raúl Osorio es una persona sin calidad moral.
Es todo lo que le aprendió a su padre, Raúl Osorio Arce, quien como magistrado en la época de Víctor Cervera Pacheco hostigaba y a los periodistas.
EN CONTEXTO: Entre las personas que ha hablado mal, además de los periodistas, está el difunto Daniel Bisoño y de la ex reina del Carnaval de Mérida, Wendi Guevara y de los soberanos (hombres y mujeres) de carnavales.
¿Por qué será que critica a las mujeres? Dicen que el peor enemigo de una mujer NO es un hombre sino otra mujer y un cancalás.

Lo “kisín” (diablo) Raúl Osorio lo trae en su ADN y todos los días lo demuestra, ni porque es director de la Beneficencia Pública controla su amargura y su envidia que le hacen vomitar ofensas en contra de la gente: Le vale ofender a los muertos, a las mujeres, a los periodistas y a todo aquel que le contraría.
LA ÚLTIMA OFENSA: La última ‘hazaña’ de este sujeto fue que le llamó chayoteros y hambreados a los de la página “Voz Libre Yucatán” (que se fusila notas y critica con base en ellas), como ya lo ha hecho otras veces.
Pero la acción de Rulo fue más allá, pues, debido a que esa página criticaba a Dafne López Martínez, agarró sus rodilleras y se puso de “Letz Hé” (lame huevos del súper asesor) a quien beatificó y casi casi dijo que es más santo que el papa Francisco.
SOBERBIO: Rulín Quisiera que todo mundo le rindiera pleitesía, como cuando era “famoso” en TV Azteca, donde lo corrieron por insoportable y jamás volvió a tener sus cinco minutos de fama.
Ahora se afana todos los días en redes sociales por conseguir ese ratito de fama, y olvida que es un funcionario del Gobierno de Yucatán, de una dependencia que no solo requiere seriedad, sino también buen corazón… y eso Raúl Osorio jamás lo tendrá.