YOBAÍN, Yucatán, martes 06/08/24.- Era callejero por derecho propio…Víctor, el perro del pueblo y de nadie… lo querían los niños de la primaria “Independencia”, los futbolistas, las marchantas del mercado y hasta el cura de la localidad.

Aunque fue de todos, nunca tuvo dueño, que condicionara su razón de ser; libre como el viento era nuestro perro y de la calle que lo vio nacer: Víctor lo mismo iba a la escuela, que asistía en la santa misa, iba al mercado y al campo de fútbol.

Era nuestro perro porque lo que amamos lo consideramos nuestra propiedad; era de los niños y del viejo Pablo, a quien rescataba de su soledad… Lo mismo era la alegría de niños, a los que, al ritmo cadencioso del movimiento de su cola y con una tierna mirada les pedía parte de las golosinas.

Víctor era un callejero y era el personaje de la puerta abierta en cualquier hogar, era del pueblo como del paisaje, el sereno, el cura y todo los demás.

Víctor era el callejero de las cosas bellas, y se fue con ellas cuando se marchó, se bebió de golpe todas las estrellas, se quedó dormido y ya no despertó…