MÉRIDA, Yucatán, lunes 08/01/24.- (Martha López/El Grillo) El disco solar en Chichén Itzá, la escultura del dios del maíz en Palenque, la estela dual en Uxmal, los bajorrelieves de un cautivo tomado del cabello por una dignataria en Ek Balam, urnas funerarias y tiestos de hermosos diseños son algunos de los objetos excelsos encontrados en zonas arqueológicas de México, durante la construcción del Tren Maya.

“En Yucatán, Campeche, Quintana Roo, Tabasco y Chiapas hemos descubierto más de 1.4 millones de fragmentos de cerámica, más de 50.000 bienes muebles e inmuebles, como palacios y estructuras, constituyendo el mayor tesoro arqueológico encontrado en las últimas décadas en México”, aseguró Diego Prieto Hernández, director del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

Para el funcionario, lo importante es recuperar la información integral y la posibilidad de reconstruir estructuras sociales y del pensamiento de los mayas, por eso pueden tener tanto interés la tumba de Pakal, en Chiapas, que una punta de flecha que hable de presencia antigua de la cultura de esta región.

“A lo mejor un objeto que para el común puede significar un tepalcate, para un arqueólogo representa la constatación de mecanismos de intercambio o estilos pictóricos que muestran conexiones culturales entre una ciudad y otra”, explicó.

El funcionario dijo que lo importante de los últimos trabajos de investigación es el descubrimiento de la complejidad de los sistemas urbanos de comunicación y comercio que se desarrolló en el área maya de Mesoamérica, que abarca México, Guatemala, Belice, Honduras y El Salvador.

A los tesoros culturales hallados en la ruta del Tren Maya se añaden el redescubrimiento de Ichkabal, una ciudad majestuosa de la nación maya que abrirá al público en agosto próximo.

Sin embargo, Prieto Hernández confesó que los arqueólogos no sólo buscaron el objeto relevante, el edificio o el palacio arquitectónicamente atractivo y sugerente, sino una investigación unida con una fuerte tarea de conservación y difusión.

“Hablamos de una gran investigación colectiva institucional, con la participación de cientos de jóvenes profesionales en arqueología, tecnología, historia y otras disciplinas”, aseguró.

Al enumerar otros elementos de la grandeza del legado maya encontrado durante los trabajos del Programa de Mejoramiento de Zonas Arqueológicas (Promeza) derivado del Tren Maya, destacó que recuperaron “información y material valioso para un mejor conocimiento del devenir y desenvolvimiento de la gran civilización maya, sus épocas, regiones culturales y expresiones artísticas y urbanas”.

Gracias a los trabajos de investigación, expertos del INAH lograron nuevos conocimientos, como la gran densidad de población que hubo en Mesoamérica, particularmente en el norte de Chiapas, la selva de Tabasco, el sur de Campeche y en la Península de Yucatán.

Según Prieto Hernández dos pilares de este descubrimiento fueron el trabajo de investigación y recuperación de la memoria maya.

“Uno, es el salvamento arqueológico que tiene que ver con la recuperación de materiales que brindan información valiosa y estructuras de orden arquitectónico, pero también bienes muebles e inmuebles en un área acotada por los derechos de vía del Tren”, aseveró.

Otro pilar es el Promeza, en el que de manera sistemática y planificada nos abocamos a la investigación, conservación, estructuración y estabilización de elementos en zonas arqueológicas abiertas al público y a las que se abrirán pronto, como Ichkabal.

El Promeza incluye acciones para una mejor experiencia de visita del público local, nacional y extranjero, con elementos de interpretación y comprensión del sitio, así como servicios básicos.

Los tesoros encontrados durante la construcción del Tren Maya se exhibirán en los Museos Arqueológico del Puuc, de Sitio de Dzibilchaltún y Chichén Itzá, así como el de Historia de Yucatán que abrirá en los próximos meses.