UMÁN, Yucatán, jueves 17/08/23.- Sin dar su brazo a torcer (o su cartera) la juez de control Suemy del Rosario Lizama Sánchez, vinculó por violencia familiar al rejoneador potosino Rodrigo Santos Alonso Quintanilla, cuando debió ser por tentativa de feminicidio.
Además, esta polémica juez, a quien por sus controvertidas decisiones le apodan la $uavecita, no modificó las medidas cautelares que le impuso en la audiencia inicial, con la que dejó en libertad al torero de a caballo.
La juez Lizama Sánchez hizo énfasis en que, no obstante que la denunciante y familiares convocaron un día antes a una conferencia de prensa, para argumentar en su contra por no haber dejado preso al procesado cuando lo imputó, dijo que eso no influiría en su criterio para impartir justicia.
LO GRAVE: Lo grave de este caso es que apenas hace unos días, esta juez imputó por tentativa de feminicidio a Alain Adán P.B., quien intentó ahorcar a su mujer porque le descubrió unos mensajes comprometedores en el celuar. El rejoneador hizo lo mismo y le cambió el delito. Dos pesas y dos medidas.
En un principio, se pedía que fuera imputado por tentativa de feminicidio, pero la acusación fue por violencia familiar, delito que no necesariamente se sanciona con prisión preventiva y más cuando los hechos no son resultado de una detención en flagrancia y porque no es considerado grave. PERO, la juez podía reclasificar el delito, pero se negó a hacerlo, pero fue más ahí, ya que dijo que, de los cinco episodios de violencia que denunció la señora María Inés R.C., que en enero del 2018 contrajo nupcias con el torero a caballo, el primero, ocurrido el 15 de abril de ese año, la juez alegó que si bien no se puede decir que no eran ciertos los hechos denunciados, éstos prescribieron por una modificación legal.
Dijo que los hechos que se dieron en los días 14, 15 y 16 de agosto del 2018, al igual que el del 15 de septiembre de ese año, no pueden ser puestos en duda, porque se revictimizaría a la víctima, que entregó fotos de sus lesiones (no apareció su rostro y fecha en las imágenes), documentos médicos y psiquiátricos, etc., y que todos los criterios de la Ley de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia están a su favor.
La juez recalcó que el marco jurídico es amplísimo y protege a las mujeres y que no hay duda en cuanto al daño psicológico, emocional y físico que sufrió María Inés.
Al final, las partes accedieron que el cierre de investigación complementaria sea de tres meses.
ADEMAS PROPONE SALIDAS ALTERNAS QUE FAVORECEN AL DELINCUENTE: Entre esos tres meses, o antes, como remarcó la juez, podrían acceder las partes a una salida alterna, como una suspensión condicional del proceso o buscar un procedimiento abreviado, pero que el perdón o un acuerdo reparatorio no es susceptible por la naturaleza de los hechos denunciados.
Con que el violento rejoneador garantice una reparación integral del daño y cumpla otras condiciones, se evitaría un juicio, que en este delito la sanción va de los seis meses a los tres años de prisión, que no necesariamente serían en reclusión si se obtienen sustitución de sanciones y condena.
LAS MEDIDAS CAUTELARES: No salir del país sin autorización judicial y comunicarse por cualquier medio, WhatsApp, redes sociales, celular, etc., con la víctima.
MINIMIZA LAS ACUSACIONES: La juez Lizama Sánchez minimizó los hechos que se le acusan a Rodrigo Santos, pues se querelló todo tipo de violencia en su contra, en por lo menos cuatro ocasiones.
LAS ACUSACIONES: Entre los hechos que le imputan a Santos está que la esposa yucateca del sujeto, que en ese tiempo tenía 33 años, con la que contrajo matrimonio el 4 de enero del 2018, lo denunció porque trató de ahorcarla cuando el potosino estaba bajo los influjos de la cocaína.
El primer ataque ocurrió el 15 de abril del 2018, a las 9 horas, en una casa de la calle 9 entre 22 y 22 A de la Colonia Maya, cuando Rodrigo le pidió que hablara con su plomero y la mujer le dijo que llegaría en un momento, pero el prepotente rejoneador estaba muy alterado, porque quería que en ese momento se pusiera la regadera, de modo que empezó a insultarla y el dijo puta pendeja, no sabes hacer nada, no puedes resolver nada” y la agarró de los brazos y aventó, de modo que cayó de las escaleras hasta el descanso.
Luego la sujetó del cuello, la levantó del piso y la aventó nuevamente, cayendo por los últimos escalones boca arriba.
En eso se acercó, la jaló del cabello y la pateó, al tiempo que empezó a tirar cosas de la mesa y le aventó un adorno de vidrio a sus pies, cuyos restos le cortaron un poco.
SEGUNDO ATAQUE: El 14 de agosto, en horas de la madrugada, el centauro, cuando estaba ebrio comenzó a besar de manera insistente a la mujer y ella le dijo que no la tocara porque recientemente había sufrido un aborto, pero Rodrigo le dijo que no le importaba, que tenía que darle un hijo y como ella se opuso rotundamente a tener relaciones sexuales, porque el doctor le recomendó que no se embarazara pronto, comenzó a golpearla.
El 15 de agosto, María Inés vio que en su closet había una tapa de bolígrafo con residuos blancos, como de talco, y después vio más tapas con las mismas características y le preguntó a su esposo si consumía cocaína, éste lo negó y se puso agresivo, comenzó a discutir y atacarla, porque la empujó contra la pared, para luego retirarse.
Ese mismo día, a las 20 horas, María Inés estaba en el cuarto de servicio de la segunda planta de la casa y Rodrigo regresó muy agresivo y comenzó a discutir nuevamente; la agarró del cuello de la blusa y le dijo que en una de esas la aventaría por la ventana y rompió el miriñaque; posteriormente trató de ahorcarla, pero como no logró su objetivo la soltó.
Poco más tarde, María Inés estaba en el sillón de la sala con su perro y Rodrigo en el comedor, ingiriendo cervezas. En un momento dado, con una llave empezó a inhalar polvo blanco, en cuatro ocasiones, y de pronto le dijo que se drogara con él y, al oponerse, éste se levantó de donde estaba y se acercó a ella, la tomó del brazo y en el cuello le puso un arma blanca, de las que usan los toreros para picar sus toros, parecida a un puñal y la amenazó con matarla si no se drogaba con él: “Le voy a hablar a dos amigas para que vengan a la casa y vamos a coger los cuatro, pero quiero que te enfiestes conmigo”, le dijo.
La soltó y le puso la droga en la nariz y en vez de aspirar, exhaló y el polvo blanco se cayó; él volvió a agarrar más y se lo puso en la nariz y le insistía en que lo inhale, porque si no la mataría.
Como la denunciante le dijo que sí, pero que fueran a la mesa de comedor, en un descuido corrió al cuarto, tomó su celular y en eso el potosino le dijo que tenía a su perro, que si no abría la puerta lo iba a matar, por lo que accedió.
Después se lanzó contra ella, forcejearon, soltó el puñal, y al inclinarse para recuperarlo salió de la habitación, agarró a su perro, tomó su bolso y corrió hasta su coche, para huir del lugar.
El 16 de agosto, a las 13 horas, ante otra discusión comenzó a ofender de nueva cuenta a la denunciante, al tiempo que la empujó y cayó, por lo que como pudo se levantó y corrió para subir a la habitación donde siempre se encerraba; sin embargo, su marido corrió detrás y la volvió a jalar, perdiendo el equilibrio de nueva cuenta, pero como lo empujó y cayó, el rejoneador se incorporó y se retiró del lugar.


