MÉRIDA, Yucatán, miércoles 19/10/22.- Luego de que hallaron los cuerpos de los franceses Assya Madjour y Michel Amado, se sospecha que el crimen organizado de Quintana Roo los ejecutó, porque se negaron a pagar derecho de piso por un negocio en Playa del Carmen.

La principal línea de investigación por esas muertes, de los dueños del Hostal “La Catrina”, del barrio La Candelaria, de Valladolid, donde los hallaron semienterrados, es el cobro de derecho de piso.

Debido al avanzado estado de descomposición de los cuerpos, las tareas de identificación se han complicado, al igual que no se ha avanzado en la causa de muerte, como publicamos el lunes.

Debido a las circunstancias de los hechos, las autoridades policiacas de Yucatán mantienen fuerte hermetismo y más porque los occisos son extranjeros y porque, además, administraban dos hoteles y habitaciones turísticas en Quintana Roo, donde la delincuencia cobra derecho de piso a los comerciantes y empresarios.

De acuerdo con datos recabados, los franceses habían recibido amenazas en Quintana Roo, para que paguen por trabajar en ese Estado y por eso radicaban la mayor parte de su tiempo en Valladolid, en el hostal “La Catrina”, ubicado en la calle 58 entre 35 y 37 del barrio La Candelaria.

A principios de septiembre se hospedaron unos sujetos en su hostal -ya identificados-, que se relacionaron con la gente que trabajaba en el lugar, que les informaba los movimientos de los franceses y que después que desaparecieron los extranjeros mantuvieron silencio en cuanto a su paradero.

Familiares de los desaparecidos, en Francia empezaron a preguntar y la exesposa del ahora occiso contrató a un abogado de la ciudad de México, que requirió el cateo en el hostal y se descubrió los cuerpos enterrados en un área verde.

El abogado, incluso, estuvo presente durante el cateo, para que las autoridades locales no dejaran de cumplir su deber.

Hasta el momento han interrogado al personal que ahí laboraba y a trabajadores de Quintana Roo, para tener más indicios en cuanto a los autores materiales del doble asesinato.

Los cuerpos estaban enterrados a poca profundidad y los olores fétidos que emanaron de los restos putrefactos permitieron ubicarlos, como publicamos oportunamente.

El hombre, de 57 años de edad, vivía desde hace 15 años en Valladolid y la mujer, de 50 años, vivía en la Sultana del Oriente desde hace dos años.