MONTERREY, México (AP), martes 05/04/22.- Hace casi seis meses el haitiano John Telisma se vio forzado a cambiar de planes y esperar en la ciudad industrial de Monterrey, en el norte de México, antes de seguir su recorrido hacia Estados Unidos, donde pretendía solicitar refugio tras un recorrido continental.

Sin saberlo Telisma, de 36 años, su esposa Violene Marseille, de 42, y sus dos hijos John y Rebeca, de 4 y 9 años, emprendieron una nueva travesía: recorrer la burocracia mexicana para regularizar su estancia en el país.

“Ha sido difícil conseguir trabajo, papeles para trabajar”, dijo Telisma a The Associated Press en su apartamento en el bullicioso centro de esta ciudad en Nuevo León, estado colindante con Texas.

AP ha seguido el caso de Telisma y su familia desde su llegada a Monterrey en septiembre para conocer cómo ha sido su proceso de integración y regularización en el país.

En el albergue Casa INDI, donde recibieron alimento y vivienda temporal durante unos meses tras su llegada, le informaron que debían iniciar un largo proceso con el fin de obtener autorizaciones para permanecer y trabajar en México.

Días antes Telisma y su familia habían decidido permanecer en Monterrey ante los operativos migratorios del gobierno estadounidense para contener el ingreso de miles de haitianos. Por entonces unos 14.000 haitianos se habían apostado debajo del puente fronterizo entre Ciudad Acuña, en el norteño estado de Coahuila, y Del Rio, en Texas.

Telisma, su esposa y sus hijos se instalaron en Santiago de Chile en 2016, donde lograron regularizar su estancia y obtuvieron empleo. Sin embargo, la crisis derivada de la pandemia de COVID-19 y el endurecimiento de las políticas migratorias en la nación sudamericana los obligó a migrar nuevamente.

En la última década Haití ha experimentado una salida masiva de sus habitantes que comenzó tras el devastador terremoto de 2010 y sucesivos desastres naturales, inestabilidad política y estancamiento económico.

En Monterrey, Telisma comenzó un largo proceso de trámites ante las autoridades mexicanas. Primero solicitó una cita ante la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (COMAR), que desde el año pasado está saturada de peticiones. En 2021 la comisión recibió 131.362 solicitudes, un incremento de 219% en comparación con las presentadas en 2020, de acuerdo con cifras oficiales.

Telisma consiguió una audiencia en la oficina de la agencia en Monterrey que le fue concedida a fines de diciembre. Ahí agentes de la COMAR le informaron que no era elegible para recibir el estatus de refugiado.

El caso de Telisma no es el único que ha sido rechazado. En una entrevista Andrés Ramírez, titular de la COMAR, dijo a AP que la mayoría de las solicitudes de haitianos son rechazadas ya que no califican para ser considerados refugiados.

Según Ramírez muchos de ellos abandonaron su país hace años y buscan mejores oportunidades laborales tras vivir un período en otras naciones como Brasil o Chile, no huyen de la violencia o la persecución.

“Estamos trabajando en condiciones sumamente complicadas. Más de la mitad de esta administración hemos estado bajo el COVID y con un mayor número (de solicitudes) con muy reducido personal”, dijo Ramírez.

Sin embargo, una constancia que le fue entregada a Telisma en la COMAR le permitió continuar su recorrido burocrático. Con ella acudió a las oficinas del registro civil en Monterrey, donde le concedieron la clave oficial llamada CURP que en México sirve como número de identificación personal y que le permitió conseguir su primer empleo como guardia de una tienda.

“Luego me dieron una cita en migración y ahí ya a principios de marzo me dieron la visa humanitaria pero sólo a mí, porque no recibieron a mi esposa ni hijos, ellos tuvieron que hacer citas aparte”, explicó Telisma.

Ya con la visa descubrió nuevas trabas. Los empleadores le solicitaron una clave fiscal que aún no ha conseguido y que debe tramitar ante las autoridades de hacienda mexicanas.

“Todo ha sido de hacer citas y citas, me preocupa cómo pagar la renta, no he tenido un trabajo estable”, declaró el haitiano que recientemente abandonó el empleo como guardia por el que recibía apenas 200 dólares mensuales.

Pese a las trabas burocráticas dijo que desde su llegada él y su familia han tenido una experiencia positiva en Monterrey, donde asociaciones civiles y albergues como Casa INDI les han proporcionado ayuda.

Sus dos hijos, por ejemplo, comenzaron a acudir a escuelas públicas cerca de donde viven y para ello sólo tuvieron que presentar los CURP que les dieron en el registro civil.

“Nos gusta Monterrey, nos han tratado bien, pero aún queremos ir a Estados Unidos en unos años”, declaró.