MÉRIDA, Yucatán, domingo 08/08/21.- El caso de José Eduardo, jarocho que llegó a Yucatán hace poco, debe resolverse en un abrir y cerrar de ojos, según lo denunciado por la Fiscalía, a la que sólo le bastará demostrar unas cositas y listo…


Lo que deben hacer los fiscales: Un boletín del Poder Judicial afirma que en la cárcel municipal los cuatro policías golpearon y violaron al veracruzano. TODAS las celdas de la cárcel municipal, que ocupan un espacio de ocho por 20 metros, tienen cámaras de videovigilancia.

Luego entonces sólo es ver en que celda estaba, la hora en que lo golpearon y lo violaron. Hay que agregar que si lo golpearon salvajemente el joven se aguantó y no gritó, de modo que el juez calificador, las secretarias y demás empleados no oyeron nada, esto si el ataque fue de día; si fue de noche, el juez calificador en turno y los guardias tampoco oyeron nada. O bien, taparon la cámara y no hay datos del lapso en el que estuvo preso el jarocho. Todo está ahí en las cámaras, solo hay que verlas, tan fácil como quitarle un dulce a un niño.
Luego de ver las cámaras, entonces se sabrá que en este caso, en el que muchos ya juzgaron y condenaron a la horca a los policías, alguien mintió, miente o calla o que, por el contrario, con su bola mágicas supieron lo que pasó y listo.

Todo este supuesto es si los policías, como afirma el Poder Judicial, hicieron los deleznables y condenables hechos en la misma cárcel municipal.

Ahora bien, el asunto se complica si, como los “muchos expertos” (agitadores mediáticos diría yo) afirman que los salvajes policías cometieron su fechoría en otro lugar distinto a la cárcel municipal, en la cama de la patrulla.

Donde lo hicieron, ya que la policía municipal tiene un área pequeña bien delimitada en la ciudad, además de que los uniformados que patrullan el centro están divididos en sectores y hay personal que recorre las calles vigilándolos a ellos. Además de que, al menos hasta hace tres años, las patrullas tienen GPS, de modo que están perfectamente monitoreadas, sin contar con las cámaras de videovigilancia instaladas por todo el centro de la ciudad.

‘Crucificados’ sin juicio y sin defenderse
Al igual que Hipólito, quien ‘nomás tres tiros le dio a Rosita Alvirez’, con sólo lo dicho por la mamá de José Eduardo, muchos ciudadanos ya crucificaron a los cuatro policías y se da como un hecho lo que ella dijo. Ni siquiera han escuchado la versión de los acusados. Eso no es justicia es linchamiento.

Ayer imputaron por los delitos de homicidio calificado cometido en pandilla, violación agravada y tortura agravada, a los policías municipales de Mérida J.E.H.H, E.M.R.L., A.G.G.M. y R.G.B.R.

El joven le dijo a su mamá que policías lo detuvieron por sospechoso, lo torturaron y lo violaron y que lo dejaron con lesiones que luego le causaron la muerte.

En este caso alguien miente, como sucedió en el caso del beisbolista Yadir Drake, a quien Reyna Rubí Pacho Manrique, una ‘maestra’, acusó de que sin motivo el jugador la insultó, la amenazó y la golpeó, pero luego se supo que la mujer fue la que mintió, porque su marido extorsionaba al cubano, porque “él lo colocó en el béisbol de la Liga Mexicana”. Una vez descubierta la mentira el asunto ‘murió’.

Se puede pensar que José Eduardo mintió y la mamá sólo repitió lo que él le dijo; falta que den su versión los policías y que la Policía Municipal demuestre que pasó, por medio de vídeos, actas levantadas de hora de entrada y salida del veracruzano, de los recorridos de los policías, etcetéra.
En este caso alguien miente…