MÉRIDA, #Yucatán, lunes 01/06/20.- La ley seca finalizó con un balance negativo: por lo menos tres decenas de muertos, un elevadísimo aumento a la violencia familiar y un salvaje y descomunal clandestinaje, nada de que enorgullecerse, más bien para avergonzarse y sentir remordimientos de conciencia.
De acuerdo con datos recabados los casos de agresión contra mujeres fueron una constante en lo que va de la contingencia sanitaria por COVID-19 y durante la ley seca, ya que, según un informe del Observatorio Ciudadano del Feminicidio en Yucatán, del 17 de abril al 17 de mayo, aumentó 114.6% en cuanto a llamadas de ayuda por diversos tipos de ataques contra las mujeres. En ese lapso recibieron 249 llamadas de auxilio.
El reporte indica que, antes de la contingencia, el observatorio recibía entre 50 y 53 solicitudes de apoyo por mes, cifra que se incrementó de manera importante desde entonces.
A su vez, según el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad (SNS), ni la ley seca detuvo la violencia contra las mujeres en Yucatán, pues en abril hubo 433 llamadas de auxilio, es decir 14 al día, una cada dos horas, contra las 301 que hubo de enero a marzo.
La institución informó que Yucatán está por arriba de la media nacional -en el octavo sitio de 32 estados-, con mayor índice de este tipo de infracciones. La media se ubica en 136.1 delitos y el estado reporta 152.2%, superado sólo por Chihuahua, Ciudad de México, Coahuila, Hidalgo y Querétaro.
Los muertos a consecuencias de la ley seca
Por lo menos 23 personas murieron por beber alcohol adulterado (Mérida, Acanceh, Chuburná Puerto, Petectunich) y por beber gel antibacterial varios días de manera seguida; además, varios se suicidaron a consecuencia del síndrome de la abstinencia de alcohol.
El clandestinaje hizo su “agosto” a lo largo y ancho del estado y le dejó abundante ganancias a los vendedores y a muchos alcaldes que se coludieron con ellos; los precios de los licores subieron de manera exorbitante, de modo que un cartón de “caguamas” de $360 se vendió en $1,200 y un six de $90 hasta en $240.
El argumento más tonto era que si había venta de licor habría ms violencia contra niños y mujeres y gastarían lo que se les da de ayuda en bebidas embriagantes: falacia total, pues si hubiera venta de licor la gente hubiera comprado y les sobraba dinero pero con el clandestinaje gastaron todo en bebidas embriagantes debido al exorbitante precio.
Los números no mienten: “Contra factum non valet argumentum” (contra los hechos no hay argumentos).


