MÉRIDA, Yucatán, jueves 19/03/20.- “En estos días la venta es menos, hay poca gente, la venta a veces se queda; ahora es temporada de zapote y caimito, la bolsa está a 40 pesos, traigo poco, porque tengo que venderlo todo”, dijo Dolores Chin, de 73 años, oriunda de Hunucmá.

La emergencia sanitaria por el COVID-19 es también una situación crítica para cientos de personas que viven en la informalidad laboral.

Algunos funcionarios municipales establecen que son cerca de 19 mil personas las que venden productos en calles, avenidas, paraderos, centros escolares, a las puertas de hospitales y empresas, en el perímetro de plazas comerciales y centros de servicios, en accesos de colonias y fraccionamientos, en tianguis y sitios con actividades artísticas y culturales, todas ellas sin un registro o mecanismo de control.

La emergencia no solo es sanitaria, también es económica.

“¿Mañana ya no habrá venta?, un marchante me lo dijo, pero no escucho las noticias porque vengo en el camión desde temprano, pido un taxi y me traen hasta la avenida Hidalgo, tengo que pagarle al taxista para que me baje las cajas y me quedo hasta las 6:00 pm”, dijo Doña Dolores.

“Me dijeron que yo no venga, que el coronavirus le da a los viejitos, pero yo tengo que vender. Mi marido se murió hace muchos años, mi hijo ya se casó y tiene a su familia y trabaja y yo tengo que salir a vender”, señaló.

“En Hunucmá nadie se enferma, todos están vacunados, así que a mí no me va a dar, por eso salgo a trabajar todos los días; la gente tiene miedo, pero no dicen las cosas correctas”, dijo, mientras despacha una bolsa llena de caimitos y un aguacate.

“La gente no siempre es buena, la semana pasada, le pedí el baño a la vecina que está aquí junto, cuando salí ya se habían llevado una caja con 50 saramuyos, que era mi venta de todo el día, a veces se gana y a veces se pierde, pero ahora, no hay venta, mucha gente no sale de su casa por lo que dicen en la tele y yo no vendo nada”, afirmó.

La afectación por la contingencia sanitaria del COVID-19, ha ocasionado sobre venta de productos en súper mercados, en tiendas departamentales y comercios de conveniencia, pero los mercados y ambulantes poco han recibido de esta derrama, la gente compra alimentos enlatados, muy poca gente busca frutas y verduras de los comerciantes de mercados locales.

María Eugenia Balam, vende en un puesto en el mercado Santos Degollados en el suburbio de Santiago, tiene 37 años, vive en el municipio de Ucú y viaja todos los días para estar en su puesto y vende frutas que compra a diferentes proveedores de los poblados cercanos a Ucú.

Estudió la secundaria, es madre de familia y tiene dos hijos que van a la escuela primaria, sus ventas son escasas y complementa su actividad con la cosecha de miel.

“En una semana ha bajado la venta, lo que dicen en el radio y mandan por mensaje en el celular a veces no se entiende, dicen una cosa y luego al rato dicen otra y no se entiende qué va a pasar”, dijo.

María Eugenia pidió que no le tomen fotos a su puesto, porque no le gusta que la vean.

“Mis hijos vienen y me ayudan, ahora no hay clases y se quedan solos con mi mamá, por eso tengo que cerrar temprano, porque no se pueden quedar ahí todo el día. No hay tarea, ellos están con sus primos todo el día y pierden su tiempo”, señaló.

“Compré fruta el sábado, cerca de mil pesos, pensé que con el calor más gente se iba a llevar la fruta, pero hay pocas ventas esta semana, el mercado está casi vacío. Muchos extranjeros compran en el mercado de Santiago, ellos compran mucha fruta, pero esta semana, muy pocos han venido, a ver que sucede con toda la fruta que compré”, afirmó.

Los problemas sanitarios aun inician, según explican las autoridades, pero no hay una información clara para la población sobre los alcances de esta pandemia que ahora ha alcanza 13 casos positivos en Yucatán.