MÉRIDA, Yucatán, jueves 30/01/20.- Miguel Ángel Niño Salazar quiso pasarse de “vivo” y obtener una condena menor, luego que violó a un “cerillito” en el fraccionamiento Diamante Paseos de Opichén, pero le impusieron ejemplar pena de 37 años de cárcel.
Este sujeto rechazó un procedimiento abreviado, por medio del cual le ofrecieron 25 años de prisión, pero consideró elevada la pena, de modo que se fue a juicio orlan donde le impusieron 37 años, un mes y 14 días de prisión, por los delitos de violación equiparada agravada y abuso sexual.
El Tribunal Segundo de Enjuiciamiento, durante la audiencia de individualización de sanciones, determinó imponerle además el pago de la reparación del daño moral por 80 mil pesos, una multa de 1,162 veces la Unidad de Medida y Actualización, vigente al cometerse los hechos, equivalente a la suma de 93,657.20 pesos.
Es decir, se le halló culpable de violación equiparada agravada y abuso sexual.
En audiencia, el sujeto confesó que tuvo varios encuentros sexuales con el menor, pero dijo qué éste lo buscaba por medio del whatsapp, lo cual fue escuchado por su esposa y la madre del infante.
Luego se le negó al sentenciado los substitutivos de prisión o el beneficio de libertad condicionada; también será amonestado públicamente; se le suspenderán sus derechos políticos, y prohibirá acercarse a la víctima de manera permanente y definitiva.
Pagará apoyo psicológico para la víctima, de acuerdo con la propia naturaleza de los hechos, cuya cuantía podrá ser fijada en la etapa de ejecución.
El sábado 29 y el lunes 31 de diciembre del 2018, entre las 8 y 13 horas, en el interior de una casa ubicada en el fraccionamiento Diamante Paseos de Opichén, Miguel Ángel violó por la vía anal al menor, de 13 años de edad y lo obligó a que le hiciera sexo oral.
Luego, el jueves 3 de enero de 2019, a las 9 horas, en una casa de la misma colonia realizó actos lascivos sin el propósito de llegar a la cópula con el menor de edad.
Lo anterior lo supo la madre, pues junto con el ahora procesado trabajaban en la misma tienda Dunosusa, donde el menor se desempeñaba como “cerillito”.


