MÉRIDA, Yucatán, jueves 25/07/19.- El misterio que envuelve las entrañas de los majestuosos edificios prehispánicos que hay en el Sureste de México, como el Castillo de Chichén Itzá en Yucatán y el Edzná en Campeche, se devela en la exposición Pirámides, montañas sagradas en el Museo Regional de Antropología Palacio Cantón, ubicado en Mérida, Yucatán.

“La muestra, que a partir del 4 de agosto próximo se trasladará al Museo Regional de La Laguna en Torreón, es un éxito al revelar la grandeza de civilizaciones prehispánicas de México”, explica a EFE Diego Prieto Hernández, director del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).
El objetivo del traslado de las más de 150 piezas que pertenecen a 15 estados del país al Museo de Torreón, “que actualmente está cobrando impulso”, busca fortalecer “los vínculos interculturales entre el norte y sur de México”.
Igual que el primer día de la exposición, que él mismo inauguró el 19 de noviembre pasado, el orgullo aflora en cada palabra cuando habla del “impacto que ha causado” entre los más de 60 mil visitantes locales, nacionales e internacionales “el lazo que hay entre una majestuosa construcción con otra, a miles de años después de su creación”.
Pirámides, montañas sagradas muestra “arte, piezas arqueológicas de valor incalculable y los 26 hallazgos más importantes en los 80 años de labor del INAH”.
“Así que es una forma de celebrar nuestro 80 aniversario y dar gracias a las investigaciones, aportaciones y descubrimientos recientes y de antaño a arqueólogos, etnólogos, antropólogos, restauradores, investigadores y epigrafistas”, agrega.
La exposición incluye estelas y piezas monumentales, como los pies de un atlante de más de dos metros de alto encontrado en la zona arqueológica de Tula, Hidalgo, y el mural El mundo mágico de los mayas de la británica Leonora Carrington que por primera vez se exhibe en la Península de Yucatán.
Además, un Dintel procedente de Chiapas que data del periodo Clásico Tardío (650 – 900 d.C.) y decorativos de diversas zonas arqueológicas de México, como la urna con forma de tlacuache proveniente de Oaxaca, del Clásico Tardío (650- 900 d.C.).
El público tiene a la mano pantallas táctiles para conocer importantes descubrimientos del INAH y por qué las pirámides y castillos son la memoria elocuente y enigmática de la grandeza de las civilizaciones que hay en México.
Prieto Hernández informa que por primera vez en la historia del INAH “los castillos, templos, palacios y pirámides son protagonistas de una exposición, porque son entes vivos que representan símbolos de la diversidad que hay en México y siguen maravillando al mundo”.
Pirámides, montañas sagradas forman parte del paisaje arqueológico mexicano y revelan, a través del arte, la literatura, diseño y fotografía, el pensamiento de culturas pasadas y presentes.
En su interior, los edificios prehispánicos muestran otras más antiguas, como si fueran radiografías de las transformaciones socio-políticas de las ciudades, lo que permite que muchas subestructuras conserven sus elementos decorativos originales de estuco o pinturas murales.
El visitante tiene acceso, por medio de una estación visual, a algunas películas, obras pictóricas y fotográficas inspiradas en las pirámides que, a pesar de majestuosidad y belleza, resultaron lugares de sacrificios, basamentos, laboratorios y tumbas de gobernantes.
Diego Prieto anticipa que el próximo año esa exposición “más fortalecida con otras piezas y recursos museográficos” irá al Museo Nacional de Antropología de la Ciudad de México “para dar fin a las celebraciones del 80 aniversario del INAH”.
El 3 de febrero de 2020, el INAH celebrará 81 años.
La exposición será un éxito en el norte y el centro del país, “porque muestra la gloria de los majestuosos castillos que a pesar de las catástrofes naturales perduran y el papel que aún desempeñan en los rituales que se realizan en los cerros y pirámides”.
Aunque agrupa algunas piezas del Proyecto Manatí, que incluye esculturas de madera de más de 3 mil años de antigüedad, Pirámides montañas sagradas cautiva porque a través de maquetas contemporáneas se puede apreciar el interior de las pirámides, “eso es lo que sorprende”.
La muestra, que se realiza con apoyo de 23 museos del país, como el Nacional de Antropología, el Templo Mayor, la Zona Arqueológica de Teotihuacan, el Soumaya y el Nacional de la Estampa, así como el Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca, tiene cinco ejes temáticos.
Narran las características más sobresalientes de las construcciones, principalmente las mayas y su relación con la naturaleza y el cosmos, pero en general la muestra explica que las pirámides eran espacios pensados como moradas para los dioses y tumbas de gobernantes.
También eran reflejo tangible de la autoridad política y religiosa de los grupos en el poder y sirvieron como medio de comunicación político-cultural.
En las ceremonias, los antiguos habitantes del Mayab se congregaban en derredor de los castillos para rendir culto a las deidades, como Kukulcán (Serpiente emplumada), Kin, Chaac e Ik, dioses del Sol, lluvia y viento.
En otros edificios se descifra la historia, dinastías, alianzas, guerras y mitos y en los que tienen forma piramidal, asemejan el movimiento de ascenso-descenso del Sol marcando solsticios y equinoccios.
-Martha López Huan


