MÉRIDA, Yucatán, lunes 07/01/19.- Hermosas mestizas, retratos de familiares, frondosos flamboyanes, imágenes religiosas y óleos que surgieron de los sueños de don José Jesús Centeno Maldonado forman parte de la exposición “60 años de la publicidad a la pintura” que se abrirá el próximo 25 de enero en la Casa de la Cultura de Progreso y terminará el 25 de febrero.

No tengo ninguna ilusión comercial con la exposición de arte visual, sólo quiero compartir mis recuerdos y que la gente sepa que soy parte del dibujo –indica uno de los decanos de los dibujantes, diseñadores y publicistas en Yucatán, que hace 80 años nació en Peto.

En entrevista exclusiva, realizada en su hogar de Mérida, don José evoca toda su vida ligada al dibujo, al arte, las letras y los primeros carteles publicitarios que se elaboraban a mano.

Cada dibujo y cada diseño tienen un recuerdo y eso lo quiero compartir con mis amigos y mi familia –dice don José, quien tiene gratos recuerdos de Progreso y sus habitantes, “porque mis padres son de ese bello puerto y parte de mi vida se quedó ahí”.

Las paredes de su estudio en la céntrica colonia meridana de El Chem Bech son testigos mudos de lo que sus manos han creado en los últimos años, como el cuadro “Dios hizo el mundo en siete días” que surgió después de un sueño en 2002.

Ese óleo surgió cuando llegó el ciclón “Isidoro” a Yucatán, como no había servicio de energía eléctrica mi esposa y yo salimos a la puerta, pero me empecé a sentir mal, tenía calentura y me fui a acostar. Sólo recuerdo que entre la fiebre soñé que tenía que pintar el cuadro con Jesús y sus ángeles –dice y explica que el óleo representa una visión actual de Dios cuando creó el mundo en siete días.

Con una sonrisa insiste en que el cuadro surgió de un sueño y muestra a Jesús a la diestra de Dios padre y las lunas siete lunas, “a un lado se ve al mal que se aleja”.

La voz de don José Jesús Centeno Maldonado se quiebra por el dolor cuando recuerda la época gloriosa del chicle en Peto “que ya desapareció, se perdió; igual que el diseño en Yucatán y varios de mis amigos”.

Desde esa época ya era dibujante, un tío que era un alto jefe de los chicleros me regalaba su block de notas y mi mamá me compraba lápices –evoca y enumera las veces que dibujaba boxeadores y muñequitos para un amigo de la primaria, quien luego lo recompensaba con pan francés, mantequilla y chile jalapeño “a las puertas de la tienda que estaba frente a la escuela”.

Su rostro se pone de nuevo triste por esos recuerdos, “pero doy gracias a Dios que los tengo, porque me hacen evocar mi niñez y ver cómo mi padre pintaba toros y las corridas. Me fascinaba verlo crear esas historias taurinas“.

A sus 80 años de edad, don José Centeno asegura que no puede desligarse de la pintura, “es mi gran pasión, toda mi vida he sido parte del dibujo mismo y agradezco a Dios”, aunque en sus años mozos combinó ese arte con el oficio de panadero y terrestre, “que es el que se encargaba de desembarcar todo lo que traían los barcos a Progreso. Ahora, los contenedores desplazaron a los terrestres”.

–¿Qué diferencia hay entre los dibujantes y publicistas de antaño a los de ahora?

No hay grandes diferencias, porque siempre hay diseñadores; lo que sí veo es que cada vez es más difícil encontrar a alguien que dibuje los diseños a mano –dice y exhorta a las nuevas generaciones de dibujantes y publicistas a aprovechar al máximo las nuevas tecnologías.

Don José Centeno recuerda con claridad su época de freelance, “en la esquina de un edificio se ponían los dibujantes y llegaban a pedirte un dibujo cualquiera; en esa época trabajé, pero no para hacerme rico, sino porque me gustaba”.

La presencia de sus hijas y nietas durante la entrevista lo alegran y responde con orgullo que ser dibujante, diseñador y publicista le ha dejado grandes satisfacciones en la vida, “no tuve la gracia de estudiar, pues sólo llegue a primaria, pero mi oficio me permitió conocer a mucha gente”.

Recuerda que estudió dibujo por correspondencia desde una escuela de Estados Unidos, “me mandaban libros y lecciones que hacía y los reenviaba para mis calificaciones, pero no era buen estudiante”, confiesa con alegre carcajada que se extiende cuando señala que ganó un concurso de poemas a la Marina, “aunque mi trabajo lo entregué el último día de la convocatoria”.

Mi maestra se molestó mucho, porque le gané a su consentido, un compañero que había escrito como 20 poemas, con muchos días de anticipación al concurso –precisa.

Don José invita al público yucateco a visitar su exposición en la Casa de Cultura de Progreso y también agradece “a todos los que me ayudaron a estar en el mundo del dibujo, como los maestros Vera, Parrita, el caricaturista Urbizo, los hermanos Esparza y a don Ismael de Chicken y sus comandos, que aunque él nunca lo supo, me paraba en la ventanita a ver cómo dibujaba”.