ROMA.- El Arzobispo de Yucatán, monseñor Gustavo Rodríguez Vega, participó como expositor en Roma, Italia, donde el Grupo Santa Marta organizó un Congreso para prevenir la trata de personas y la esclavitud moderna.
En su intervención del 27 de octubre pasado en el foro: “La Trata de Personas: El Impacto de la Crisis Global de Migración”, monseñor presentó la visión del problema en América Latina, donde evocó una frase del Papa Pío XII: “Opus Iustitiae Pax” (La paz es fruto de la justicia) y explicó su significado: “donde hay injusticias permanentes, como forma de vivir, se está cocinando la guerra”.

Rodríguez Vega, quien también es presidente del Departamento de Justicia y Solidaridad (DEJUSOL) del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), presentó la ponencia “La trata de personas en América Latina: situación y perspectivas”.

Dijo que de acuerdo con el informe del Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria (IECAH), en el panorama internacional, en Africa, Oriente Medio y Asia Pacífico, se da un número más elevado de trabajos forzosos; mientras que en América Latina, Europa y Asia Central, predominan los casos de explotación sexual.

Concretamente, la situación en América Latina destaca por ser una zona en la que la trata de personas, principalmente mujeres, niñas o adolescentes, se centra en la explotación sexual.

América del Sur no es sólo corredor para la trata, sino que además son países de origen, de tránsito y de destino, con trata de personas tanto interna como en el ámbito internacional.

En las últimas décadas, explicó, se ha experimentado un auge en la industria del turismo sexual, sobre todo con “clientes” de América del Norte, por motivos de cercanía geográfica.

Precisó que los migrantes centroamericanos y mexicanos que atraviesan este país de extremo a extremo pasan por miles de peligros y muchos terminan siendo víctimas de trata en tres modos principales:

  •  Las mujeres a las que se les termina el dinero y no pueden seguir avanzando por no poder pagar las cuotas que les imponen, terminan siendo obligadas a ejercer la prostitución.
  •  Los hombres muchas veces han sido reclutados por la fuerza para ser integrados a algún cartel del crimen organizado.
  • Los hombres y las mujeres que son secuestrados y sus familias son obligadas a pagar costosos rescates, para que sean liberados.

Más Allá de las Cifras

Aunque las cifras son alarmantes, “los discípulos misioneros de Jesús no vemos solo números, si no a cada persona, como una realidad concreta, singular, que es imagen y semejanza de Dios, maltratada por la acción de la injusticia social, la inequidad y la exclusión”.