CHICXULUB PUERTO.- No le había llegado la hora, pero el pescador Jorge Antonio Zapata May (a) “Bora” sintió que ayer martes era su último día de vida, ya que vivió los momentos más angustiosos de su vida al ser encañonado por unos ladrones y ser llevado en altamar, en donde finalmente lo arrojaron.
“Bora” trabaja como velador de un campamento pesquero ubicado a una esquina del muelle de pescadores y sintió miedo cuando lo encañonaron y pensó que lo iba a asesinar uno de los tres delincuentes encapuchados que irrumpieron en la playa para robarse cuatro lanchas.
Los bandidos, al parecer tabasqueños, según “Bora” secuestraron al velador, lo sacaron del campamento y lo arrastraron en la arena y después lo subieron a una lancha en la que emprendieron la huida en altamar, donde pensaban ultimarlo a balazos, pero al final lo arrojaron al mar y se salvó de morir ahogado, porque sabe nadar y llegó a la playa, entre Chuburná y Sisal.
De 50 años de edad, “Bora” cuenta que desde hace 10 años trabaja como velador en el campamento pesquero y se encarga de vigilar un tramo de la playa en donde atracan las lanchas de la cooperativa “Punta Kopte”.
Recordó que entre las 3 y 4 de la madrugada de ayer martes estaba dentro del campamento, cuando escuchó ruidos y de pronto irrumpieron tres encapuchados con pasamontañas; uno le dio un empujón y le asestó un golpe en el costado izquierdo, al mismo tiempo que lo encañonaba con una pistola.
El asaltante insultó a “Bora” y le dijo que si no quería morir era mejor que colaborara o de lo contrario le darían un tiro en la cabeza.
El frío cañón de la pistola en la cabeza hizo que “Bora” sintiera miedo: “pensé que me había llegado la hora y que me asesinarían; pensé en mi familia, cuando me arrastraron en la arena y me obligaron a subirme a una lancha.
Los otros dos encapuchados ya habían soltado las amarras de cuatro lanchas, las amarraron, enfilaron al poniente, pasaron los arcos del muelle fiscal y quitaron los motores fuera de borda, soltaron las embarcaciones que quedaron a la deriva y prosiguieron su travesía al poniente.
En altamar, los tres delincuentes, que ya tenían los cuatro motores fuera de borda, arrojaron al mar a “Bora”, no le dispararon, pero dado su experiencia de pescador, nadó a la orilla; calcula que lo lanzaron de la lancha como a las 6 de la mañana, aún estaba oscuro.
Llegó a la playa, se ubicó y dio cuenta que estaba entre Sisal y Chuburná, de modo que caminó rumbo al oriente, pero llegó al puerto de abrigo (de Chuburná); a esa hora salían las lanchas ribereñas, pensó en arrojarse al canal y nadar para llegar al otro extremo, pero un pescador lo vio, lo subió a su lancha y llevó a los muelles.
Una vez que narró lo sucedido los pescadores lo llevaron a la comisaría y pudo avisar que ya lo habían rescatado, sus compañeros fueron por él a Chuburná y lo trasladaron a este puerto. Antes pasaron a la agencia de la Fiscalía para que interponga su denuncia, pero no lo atendieron porque había muchas personas esperando turno.


