MÉRIDA.- A pesar de que se sentía mal desde hacía unos días, un bebedor consuetudinario conocido solo como Rolando nunca dejó la bebida, a la que se hizo muy aficionado desde joven.

Los vecinos se la colonia Plan de Ayala Sur se acostumbraron a verlo siempre tomando.

Su edad era indeterminada, pero su cuerpo mostraba evidentemente los estragos del alcohol.

Un compañero de parranda, con el que había hecho amistad, lo encontró muerto ayer cuando fue a visitarlo. Estaba tirado debajo de su hamaca.

Según relató, desde el viernes Rolando ya se sentía muy mal, al grado de que “pasaba” sangre, pero no dejó de embriagarse e incluso no comía, sólo quería emborracharse.

Al lugar de la muerte acudieron policías y personal de la Fiscalía General del Estado para levantar el cuerpo.