MÉRIDA.- Ante la falta de oportunidades o de programas que beneficien a los indigentes, es más común ver a estas personas pedir limosnas en las calles del centro.
En un recorrido por el Centro Histórico de la ciudad fue notable el número de menesterosos que aprovechando su condición de pobreza o de discapacidad ocupan las aceras para pedir caridad.
Muchas de esas personas en realidad viven en situación de pobreza extrema, otras no tanto pero consideran la mendicidad como una buena manera de obtener dinero, pues de acuerdo a múltiples investigaciones sociales se sabe que un menesteroso puede ganar en día más de $300 pidiendo caridad.
Claro, para lograr este objetivo necesita ubicarse en una zona de alto tránsito peatonal, que lo único que genera es una mala imagen al turismo nacional y extranjero que viene a Mérida porque ha escuchado que es la “ciudad blanca”, además de obstruir el paso peatonal en las aceras.
Y aunque es bastante visible esta situación, como madres de familia que amamantan y dan de comer a sus pequeños hijos en el suelo, hasta ahora las autoridades municipales no han implementado un programa que de verdad apoye a esta gente.
Desde el punto de vista que se le quiera ver: social, turístico, económico, de seguridad, la Comuna carece de proyectos que ayuden a los menesterosos a salir adelante.
De hecho, que tan redituable es recibir limosnas que cada día hay más de gente de lugares como Chiapas que se sientan en las céntricas calles de Mérida a pedir caridad, pues han visto que los yucatecos son muy generosos.


